Pizza de sobrasada y miel con tres quesos: receta con masa fina sin levadura

Pizza de sobrasada y miel con tres quesos: escamorza ahumada, queso de cabra y Roquefort, con miel de romero y ralladura de limón

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Hay combinaciones que parecen no tener sentido sobre el papel y, sin embargo, cuando las pruebas, te preguntas por qué nadie te las había contado antes.

La pizza de sobrasada y miel es una de ellas.

Picante, salada, dulce, ácida y profundamente sabrosa al mismo tiempo.

Una pizza que no es para todos los días, pero es especial e intensa. Una pizza diferente.

En este artículo te cuento cómo la preparo en casa: con una masa fina sin levadura que se hace en el mismo día, sobrasada mallorquina IGP, tres quesos potentes (escamorza ahumada, cabra y Roquefort), un toque final de miel de romero y ralladura de limón al final para rematar.

Como te digo esta es una pizza para valientes.

Por qué la pizza de sobrasada y miel funciona (y no es una mezcla absurda)

La primera vez que ves los ingredientes piensas que es demasiado. Sobrasada picante, tres quesos (uno de ellos azul), miel y limón. Suena a exceso y lo es.

Pero no todos los días son de brócoli y arroz con pollo. Hay días en los que te apetece comer con intensidad. Que cada bocado te llene la boca.

La sobrasada aporta grasa, picante y ese sabor profundo del cerdo curado. Los quesos suman intensidad, aroma ahumado y textura. La miel rompe la sal con un golpe dulce. Y la ralladura de limón, que es el ingrediente más discreto del conjunto, con su acidez cítrica contrarresta toda esa grasa acumulada y consigue que la pizza, lejos de ser pesada, resulte más fácil de comer de lo que parece.

Es una pizza que entra por el contraste. No por la suma, sino por la tensión entre sabores.

La masa: fina, sin levadura y con un truco poco habitual

Yo normalmente trabajo la masa napolitana, pero para esta receta quería algo distinto. Una masa fina que no compitiese con los ingredientes, que sirviese de soporte sin pedir protagonismo. Cuando los toppings son tan potentes, una masa demasiado presente convierte la pizza en algo pesado y plano. Aquí necesitamos lo contrario: una base ligera, crujiente, casi una galleta de pan.

Las características de la masa

  • Hidratación del 52 %. Una hidratación baja, lejos del 65-70 % de la napolitana clásica. Esto da una masa más manejable, más seca al tacto y mucho más fácil de estirar fina con rodillo.
  • Sin levadura. Sí, has leído bien. Esta masa no fermenta. No hay levado, no hay esperas largas, no hay que planificarla la noche anterior. Es una pizza que haces por la mañana y comes a media tarde.
  • 2 % de harina de maíz. Este es el detalle que la cambia. Añadir un pequeño porcentaje de harina de maíz al total de la harina aporta un toque crujiente al horneado que la harina de trigo sola no consigue. Es ese punto que hace que la base, al cortarla, suene.

El proceso completo, paso a paso

  1. Amasado. Mezcla todos los ingredientes hasta conseguir una masa lisa y homogénea. Sin levadura, no necesitas amasar en exceso. Solo lo suficiente para que esté bien integrada.
  2. Reposo de 1,5 a 2 horas. La masa necesita relajarse. Aunque no fermente, el gluten tiene que descansar para poder estirarla después sin que se rompa o se contraiga.
  3. Estirado con rodillo. Como buscamos una masa fina, el rodillo es nuestro aliado. No hay que tener miedo de apretar.
  4. El truco del congelador. Una vez estirada, coloco la masa directamente sobre un plato y la meto al congelador sin tapar. ¿Por qué? Porque quiero que se forme una ligera costra en la superficie. Esa costra ayuda muchísimo a la textura final tras el horneado, especialmente con los toppings encima.

En total, en unas cuatro horas desde que empiezas a amasar, puedes estar comiendo la pizza. Es una de las grandes ventajas de esta receta frente a las masas largamente fermentadas.

¿Quieres calcular las cantidades exactas para tu masa según el número de pizzas y el diámetro? Te dejo aquí mi calculadora de masa de pizza para que la ajustes a tu caso.

Los ingredientes de la pizza de sobrasada y miel: por qué cada uno está donde está

Esta pizza no admite improvisación. Cada ingrediente tiene una función concreta, y cambiar uno por otro puede romper el equilibrio.

Sobrasada picante mallorquina IGP

La protagonista.

La sobrasada de Mallorca con Indicación Geográfica Protegida (IGP) es una garantía. La IGP es un sello de calidad europeo que certifica que el producto se ha elaborado en una zona geográfica concreta, en este caso, Mallorca, siguiendo unos métodos tradicionales y con unas características específicas.

Cuando ves «Sobrasada de Mallorca IGP» en una etiqueta, sabes que estás comprando un embutido elaborado con cerdo criado y procesado en la isla, con su pimentón característico y su textura untable.

La versión picante es la que mejor funciona en esta receta. La sobrasada se calienta en el horno y se deshace literalmente sobre la masa, soltando su grasa anaranjada y dejando una especie de salsa rústica que impregna toda la base. No hace falta extenderla como si fuera tomate: con colocar unas cuantas cucharadas repartidas, ella sola hace el trabajo durante el horneado.

Escamorza ahumada

Probablemente el queso menos conocido del trío, y uno de los grandes hallazgos de esta receta.

La escamorza es un queso italiano de pasta hilada, primo hermano de la mozzarella, pero con menos humedad y más cuerpo. La versión ahumada (scamorza affumicata) es la que se cuelga y se ahuma con paja durante unas horas, lo que le da una corteza marrón característica y un aroma intenso a humo que se mantiene incluso al fundirse.

¿Por qué la uso aquí? Porque aporta aroma y se derrite con facilidad. El humo se integra perfectamente con la grasa de la sobrasada y crea esa sensación de pizza «rústica» o «de leña», aunque la hagas en horno eléctrico.

En mi caso, la compro en el Aldi. No hace falta ir a una tienda gourmet: muchos supermercados generalistas ya la tienen en su sección de quesos italianos.

Queso de cabra

El queso de cabra cumple aquí una función más de textura que de sabor. Aunque tiene su personalidad, en esta combinación queda más en segundo plano. Aporta cremosidad, ese punto fundente y a la vez denso que diferencia la pizza de una masa con simple mozzarella.

Queso Roquefort (o cualquier queso azul)

El Roquefort es el responsable de la intensidad final. Es el queso que te recuerda, en cada bocado, que esta no es una pizza cualquiera. Su sabor potente, salado y ligeramente picante por la Penicillium roqueforti contrasta con la dulzura posterior de la miel y eleva el conjunto.

Si no encuentras Roquefort, cualquier queso azul puede sustituirlo: Cabrales, Gorgonzola, Stilton, un Picón de Tresviso. La regla es simple: que sea un queso azul de carácter. Los más suaves se pierden entre la sobrasada y la escamorza.

Miel de romero

Aquí hay una decisión consciente: uso miel de romero, no miel picante.

La razón es simple. La sobrasada ya aporta todo el picante que la pizza necesita. Si encima añades miel picante, sumas en la misma dirección y desequilibras la receta. La miel de romero, en cambio, es dulce con un punto floral y herbáceo que casa perfectamente con los quesos potentes y crea ese contraste dulce-salado que tanto buscamos.

Va siempre al final, después del horneado. Si la metes al horno, se quema y amarga.

Ralladura de limón: el ingrediente que lo cambia todo

Este es el truco que aprendí y que convierte la pizza de «muy buena» a «memorable».

Una pizza con tanta grasa (sobrasada + tres quesos+ miel) corre el riesgo de resultar empalagosa al cuarto bocado.

La ralladura de limón fresca, añadida justo antes de servir, aporta un golpe de acidez cítrica que rompe esa sensación de pesadez.

No es un ingrediente principal, no se ve apenas, pero su ausencia se nota. Si haces esta pizza sin ralladura, te faltará algo.

Ingredientes de la pizza de sobrasada y miel (para 30 cm)

Estas son cantidades orientativas. Cada uno tiene su gusto, y dependiendo de cómo de potente o suave la quieras, puedes ajustar al alza o a la baja. Yo soy partidario de no saturar la base: con masa fina, menos es más.

IngredienteCantidad para una pizza de 30 cm
Bola de masa fina (52 % hidratación, 2 % harina de maíz, sin levadura)180 – 200 g
Sobrasada picante mallorquina IGP50 – 70 g (3-4 cucharadas)
Escamorza ahumada60 – 80 g
Queso de cabra40 – 50 g
Queso Roquefort (o azul al gusto)30 – 40 g
Aceite de oliva virgen extra1 chorrito antes de hornear
Miel de romero1 – 2 cucharaditas (al final)
Ralladura de limón frescoAl gusto (al final)

Nota: si te pasas con el queso, la masa fina no va a aguantar y te quedará una pizza que más que comerse, se bebe. Mejor quedarse corto y rectificar en la siguiente.

El horneado: temperatura, tiempo y adaptación a horno casero

Mi horno: Cozze eléctrico a 450 °C

Yo trabajo con un horno Cozze eléctrico, que alcanza los 450 °C. Para esta receta, lo precaliento a unos 380 °C y la pizza está lista en 3 o 4 minutos. La masa fina, a esa temperatura, se cocina rápido: sella por fuera, queda crujiente por debajo y los quesos se funden sin que el conjunto pierda humedad.

Antes de meterla, le añado un chorrito de aceite de oliva virgen extra por encima.

¿Cómo adaptarla a un horno casero?

La mayoría de hornos domésticos llegan a unos 250 °C como máximo. ¿Se puede hacer esta pizza así? Sí, pero ajustando.

  • Temperatura: 250 °C, función calor arriba y abajo, con la bandeja o piedra ya caliente dentro del horno.
  • Tiempo: aproximadamente 7 u 8 minutos, vigilando los últimos minutos para que los quesos no se quemen.
  • Truco: si tienes una piedra de pizza, úsala. Marca la diferencia entre una base blanda y una base con suelo crujiente.

Si te tomas en serio esto de hacer pizza en casa y quieres ir un paso más allá, te dejo aquí los materiales y herramientas que yo recomiendo, desde la pala hasta los hornos especializados.

Cómo sacarla del horno (y por qué la rejilla es obligatoria)

Cuando saco la pizza del horno, la coloco sobre una rejilla metálica durante un par de minutos. Este paso, que muchos se saltan, es importante.

¿Por qué? Porque al apoyar una pizza recién horneada directamente sobre un plato, los vapores que suelta por debajo no tienen por dónde escapar. La consecuencia es una base reblandecida que pierde todo el crujiente que tanto te ha costado conseguir. Sobre la rejilla, el aire circula, los vapores escapan y la masa mantiene su textura.

Pasados esos dos minutos, la paso al plato y la corto.

El emplatado final: miel y limón

Con la pizza ya en el plato, vienen los dos toques finales que coronan la receta:

  1. Hilo de miel de romero repartido por toda la superficie. No demasiado: queremos un golpe dulce, no una pizza dulce.
  2. Ralladura de limón fresco sobre toda la pizza. Usa un microplane o un rallador fino y ralla solo la parte amarilla de la piel, evitando la parte blanca que amarga.

Y a comer.

Errores comunes al hacer la pizza de sobrasada y miel (y cómo evitarlos)

Después de haberla hecho varias veces, he visto los errores típicos. Tómalos como atajos para que no los repitas tú:

  • Pasarse con la sobrasada. Soltará tanta grasa que la base no podrá con ella. Mejor cucharadas repartidas que una capa generalizada.
  • Saturar de queso. Tres quesos ya es mucho. Si encima los pones en cantidad, la pizza se hunde. Equilibrio.
  • Echar la miel antes de hornear. La miel se quema. Siempre al final, siempre fuera del horno.
  • Olvidar la ralladura de limón. Lo digo otra vez porque es el error más frecuente. Si no la pones, la pizza pierde la mitad de su gracia.
  • Cortarla directamente sin pasarla por la rejilla. Base blanda asegurada.
  • Usar miel picante. Suma picante sobre picante. Apaga el contraste.

Una pizza para valientes (y para repetir)

La pizza de sobrasada y miel no es la típica pizza que pides un viernes cualquiera.

Sin embargo, la masa fina sin levadura la hace además accesible. No necesitas planificar fermentaciones largas. En cuatro horas desde que empiezas a amasar, estás comiendo.

Buen provecho.


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